Además de la adicción a los videojuegos y otros temas que quizás toque después, otro aspecto que parece ser polémico en torno al uso de videojuegos en educación (y en relación al uso de un montón de otras estrategias en educación) es la motivación. Ahora bien, ¿qué tiene de polémica la motivación? Bueno, siguiendo algunas entradas de este blog y las respuestas de algunos de nuestros queridos lectores, podemos apreciar que existen (y teóricamente también mucha gente lo sustenta) “dos tipos” de motivación: extínseca e intrínseca. En español: motivación que depende de recompensas concretas y obserbables, y motivación que no depende de objetos externos. Y en general, la gente piensa que la intrínseca es mejor.
¿Qué problema podemos ver en esta dicotomía? El problema es que no tiene límites claros. No recuerdo quién proponía esta idea (pero no es mía), pero el asunto es que es muy difícil delimitar algo como puramente interno o externo. Por ejemplo, si quisieramos intencionar ciertos contenidos en un curso a través de un videojuego (à la Gamification), lo primero que podríamos pensar es que el videojuego representa una motivación extrínseca, pues los alumnos realizarían el trabajo o actividad por la diversión que proporciona el juego y no por un real interés en el aprendizaje (como podríamos definirlo desde la motivación intrínseca). Sin embargo, podríamos considerar que la motivación que genera la diversión proporcionada por el videojuego es intrínseca… después de todo, no es una recompensa externa, y la gente juega por el simple placer de jugar.
Mi punto es que la discución entre qué tipo de motivación deberíamos promover en el estudiante, al menos desde la perspectiva “dualista” intrínseca/extrínseca, cae en un cambio tipo 1 según los postulados de Watzlawick (algún día me referiré en extenso a esto, lo juro). Es decir, una solución que se transforma en un problema (o incluso, una solución que se transforma en el problema). Además, plantear la discusión de ese modo, inevitablemente la enmarca dentro de la discución conductista (otro puntito para Watzlawick), y nos define el problema de un modo difícil de resolver. Creo que más allá del “lugar” del que provenga la motivación creo que es más importante a qué “dirigimos” esa motivación. Por ejemplo, en el caso del ejemplo del párrafo anterior, quizás algunos alumnos se quedaron con la diversión del juego y punto. En cambio, otros alumnos sí engancharon con el contenido de fondo e incluso más de uno se acostó tarde buscando información en internet.